Catorce veteranos de la Fuerza Aérea Británica (RAF) que participaron en la Batalla de Inglaterra volvieron a sobrevolar hoy el cielo del Canal de la Mancha para conmemorar el 70 aniversario de uno de los episodios clave de la II Guerra Mundial para evitar la victoria de la Alemania nazi.
El suicidio, «lait motiv» de la muerte de la mayoría de los mandatarios del Tercer Reich, acabó también con la vida de Rudolf Hess, el útlimo representante del terror nazi. Desde el propio Hitler y su esposa, Eva Braun; al ministro de propaganda, Goebbels, junto a su mujer y sus cinco hijos; pasando por el lugarteniente del «Führer», Göring… hasta Hess, el líder del partido nazi, que (según la versión oficial) se quitaba la vida a los 93 años.
La propaganda dio una imagen diferente. La de un líder. La de un soldado sin temor. Sin miedos. En aquella guerra de trincheras hubo muchos sacrificios. Muchos actos de voluntad. Pero Adolf Hitler no protagonizó ninguno. Aquellas hazañas eran cosas de otros. La proeza de salvar a un compañero. De rescatar su cuerpo herido entre las alambradas o los cráteres que abrían los obuses. Thomas Weber, un historiador de la Universidad de Aberdeen, describe la trayectoria del dictador nazi durante la I Guerra Mundial.
El historiador escocés Thomas Weber afirma en su nuevo libro, “La primera guerra de Hitler”, que el führer alemán no sólo fue un soldado que luchó exclusivamente en la retaguardia sino que el Partido Nazi creó y mantuvo el mito de su supuesto heroísmo y de que sus ideas antisemitas y radicales habían germinado durante la contienda mundial.
No consideraremos en este estudio el resto de las etnias que tuvieron numerosas bajas en la guerra por la simple razón que la cantidad de muertos no se discuten habitualmente en estos casos, no hay polémicas furibundas, ni causas económicas y políticas. Sí es el caso de la comunidad judía, cuya reacción más inmediata fue la creación del estado de Israel, el pago de indemnizaciones por parte de Alemania, pero fundamentalmente la situación de relato no controvertible a nivel cultural, histórico y político.
Los nombres de Erich Ludendorf, Ernst Roehm y Albrecht von Graefe figuran en una autorización de visita al desaparecido dictador nazi Adolf Hitler durante su ingreso en la prisión de Landsberg/Lech en 1924, en Fuerth (Alemania).
La capital alemana estrena un simbólico centro histórico y cultural que ocupa buena parte del solar que albergó en su día las sedes centrales de la Gestapo y las SS, dos de las más infaustas instituciones del régimen hitleriano.
Cristino García Granda, terrorista para España, y héroe para Francia, llamado por las poblaciones de los Departamentos del Gard, de Lozere y del Ardeche, “el libertador de los tres departamentos”, fue un asturiano, considerado por los historiadores corno el más destacado héroe español de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia, al que se debe la increíble victoria de La Madeleine, además de la liberación de centenares de presos de la cárcel de Nîmes y la toma de Foix.
Varias decenas de veteranos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial desfilaron hoy por el centro de Jerusalén con motivo del día de la victoria aliada sobre la Alemania nazi, de la que hoy se cumplen 65 años.
"Topografía del Terror", una exposición dedicada a la represión de Estado en Alemania durante la época del Nazismo (1933-45), abrirá el próximo viernes sus puertas al público en su forma definitiva en el Palacio Prinz-Albrecht, tras años funcionando bajo un techo provisorio.
Massimo Introvigne, sociólogo italiano director del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones (CESNUR), recuerda en un artículo en Avvenire una campaña nazi de 1937 dirigida por el ministro de propaganda Joseph Goebbels para desacreditar a la Iglesia católica.
Ante la práctica imposibilidad de sacar adelante una investigación sobre los crímenes de la guerra civil y del franquismo en nuestro país -el único juez que lo ha intentado en serio, Baltasar Garzón, está a punto de sentarse en el banquillo acusado de prevaricación por varios grupos de extrema derecha por esta causa- las víctimas del franquismo han decidido lanzarse al panorama internacional para buscar una reparación.
El proyecto de resolución presentado a la Duma propone revisar la valoración que el Congreso de Diputados Populares -el parlamento del aperturista presidente soviético, Mijaíl Gorbachov- dio en diciembre de 1989 al tratado de no agresión, y al de amistad y fronteras firmados medio siglo antes por la URSS y Alemania nazi.
El ingeniero escocés John Loudon Mac Adam, que fue el pionero en el uso del macadán, nos salvo de la ocupación nazi.
Son muchos los motivos por los que la historia de Gerda Taro merece la pena ser contada. Por su huida de la Alemania nazi cuando era poco más que una adolescente. Por su romance con Robert Capa de quien aprendió a amar la fotografía. Por sus excelentes reportajes como corresponsal en la guerra y civil española.
En Auschwitz, en el marco de horror que le hizo ser el emblema del horror nazi, también se dieron algunos paréntesis de alegría y pequeñas victorias de los presos. Uno de estos momentos fue la única boda que se dio dentro del campo, la del preso austriaco Rudi Friemel y la española Marga Ferrer.
El delirio nazi era muy mirado con el papeleo. Cuando el funcionario Walter Wagner llegó al búnker de la Cancillería el 28 de abril de 1945 para celebrar la boda entre Adolf Hitler y Eva Braun, se encontró con que faltaban documentos para tramitarla. Hubo que posponer la ceremonia para darle tiempo a conseguirlos.
Medio siglo después de la captura del criminal nazi sigue sin saberse cómo escapó tras la guerra. La Corte Administrativa Federal de Leipzig estudia permitir publicar los documentos que revelarían la ayuda que el asesino de judíos tuvo de la CIA y el Vaticano
Un espía que trabajaba para el famoso MI6, donde un poco después, durante la Guerra Fría, desarrollaba sus hazañas James Bond, logró penetrar en el corazón del Estado Mayor nazi revelando los detalles de las operaciones más importantes de los alemanes.
El engaño a un mando franquista que actuaba como espía de la Alemania nazi contribuyó a confundir a los alemanes sobre el desembarco de Normandía. El papel del capitán Ignacio Molina Pérez, que se “tragó” la presencia en Gibraltar del general Montgomery -en realidad un doble suyo-, ha sido ahora puesto de manifiesto con más detalle por los documentos que acaban de desclasificar los Archivos Nacionales británicos. En los informes desvelados, los servicios secretos del Reino Unido le llegan a calificar de “malo de la cabeza a los pies”.
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