Esta famosa frase pronunciada por Julio César cuando fue asesinado por un grupo de conspiradores en el Senado. Tradicionalmente se cree que se refería a Marco Junio Bruto, hijo se Servilia que a su vez fue amante de Julio César durante mucho tiempo. Incluso se llegó a creer que podía ser hijo suyo (pero las fechas no cuadran).
historiador