Hacia mediados del siglo XIX, Japón había comprendido que la modernización de su industria y la evolución hacia un capitalismo expansivo era el único remedio para evitar ser absorbida por las potencias de Occidente o EEUU; bien fuera por la vía de la colonización (algo que había quedado patente en el continente africano), bien por el reparto comercial (como había ocurrido con China e India). Japón hizo con China lo mismo que Occidente había hecho con África, India e incluso China: conquistar o ser conquistado. El choque entre el modernizado y
historiador