Durante el mes de marzo de 1895, antes incluso del tratado que ponía fin al enfrentamiento, las potencias europeas se pusieron de acuerdo para limitar las ganancias niponas. El emperador alemán Guillermo II tomó conciencia de la existencia del gran poderío japonés y del peligro que éste suponía para los intereses coloniales de su país en China, por lo que hizo un llamamiento a las potencias, declarando intolerables las pretensiones de Tokio.
historiador