Aunque todavía existan lugares y culturas donde ser mujer es una profesión de riesgo, poco a poco y con mucha dificultad se ha ido equiparando en derechos y libertades con el hombre. En la antigua Grecia, cuna de la democracia y de la civilización occidental, la mujer era ignorada, valorada únicamente por su papel reproductor y recluída en el gineceo (parte de la casa reservada para las mujeres). Esta exclusión social de la mujer hacía de la homosexualidad entre los griegos una práctica común y habitual.
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