En 425 Atila era rey de los hunos. El emperador de Oriente, se negó a pagarle tributo a Atila y éste, rabioso, decide volcar toda su ira... sobre Occidente. Porque desde Teodosio II Constantinopla tenía unas murallas que la hicieron inexpugnable hasta la aparición de la pólvora, y Atila sería la ira de Dios, pero no era tonto: saquear al Imperio Occidental era mucho más fácil. De paso, Oriente había encontrado su solución a la "Edad Oscura": echarle el muerto al vecino.
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